Madre
Hace años lloraba mientras tu enrojecida mostrabas el coraje de querer aunque duela. Sonriendo hasta en el peor grito porque sí, estabas en medio de un hospital con alguien no sólo al que no tenías certeza de conocer, sino a quien cargaste durante nueve meses sin poder descanzar. Lo quisiste, lo hiciste tuyo y hoy es que te digo: yo también te quiero.
Madre es hablar en palabras mayores, como tus sueños, de aquellos de los que supongo en las noches haces recuento. Por eso estoy tras de tus faldas, queriéndote. Oliéndote y pensando en todos los sueños que quiero que logres junto a mi compañía, porque me has apoyado los suficiente como para saber que mi vida es nada a comparación de tu valentía.
Abrazo tus brazos, tomo tu aliento y besando tu frente te pido perdón por haber olvidado escucharte, o peor aún ignorado tus consejos. Madre, el ser que hizo del arte de amar una forma para que los años no pasen en vano, sino que sumen experiencias y muchos te amo.
Te celebro no porque sienta que lo necesitas, sabes que te quiero. En realidad es mas lo que necesito yo de tu compañía y guía. Eres un cristal que sabe a caricias y lujos que quiero que sigan adornando mis carencias con un cariño que nunca se marchita. Porque hoy es lo que yo digo, no hay nadie que mejor te quiera.
Gracias por rezar por mis sueños, me uno a la oración y desde mi trinchera estoy abierto a tu ahora me pidas.