Liliana
Era una noche en la que no estuve presente, tus aullidos derribaron los 300 kilómetros que parecían infranqueables y así fue como comenzó todo.
Mis padres atendiendo a su codiciado sueño parecían esquivar tus quejidos, después de todo ladridos en la casa siempre tus hermanitos de otra raza hacían sonar. Tu ímpetu y ganas de sobrevivir eran como ninguno, así como esos ojos con los que me invitabas a jugar.
Esa noche mi madre rogó a Octavio, mi padre y tuyo, a salir a buscar ese “ruido”, siendo que para sorpresa nació lo que hoy has sido; esa perrita que desesperadamente busca un dueño, alguien que la abrace aunque lo ensucies con tu torpeza y ganas de lamer todo el cariño.
Esa noche tu garganta, cuan humana pudo haber sido, estaba entonando la agonía que hoy tu malestar te obligó a callar. Yo si lo hubiera oído, aunque duro fuera el destino.
Tú estabas solita, en el asador de mi patio. Alguien te abandonó a la suerte, en una casa que ni siquiera contemplaba un nuevo miembro. Esa misma velada dormiste junto a mis dos chihuahuas, los que para el tiempo te duplicaban casi en tamaño. Hoy te nos fuiste y ya eras al menos 10 veces mas del peso que ellos pudieron alcanzar.
Pasaste aquella noche llorando, como debiste de haber pasado esta noche sin ser escuchada y espero que exista alguna fe que contemple tu llegada a un bien eterno, porque si mal no recuerdo, de ese tu primer encuentro con la soledad saliste bien librada. Al día siguiente de tu aparición en la familia ya tenía un debut en la sociedad y una visita al médico veterinario que nunca fue agendada. Así como este día.
Recordamos pues los días que te estuvimos inyectando para que tu ronquera sanara, así como también las veces que mereciste otras vacunas y correteadas. Nunca aprendiste a caminar en compañía, y menos se se trataba de andar con una correa que te dirigía. Tal vez por eso partiste antes de que pasaran todos esos años que de siete en siente todos calculábamos.
Hoy a casi dos años de estar conmigo, con nosotros, de velarnos el sueño y tirar la ropa del tendedero me quedo con todas tus travesuras y mis calcetines rotos. Con un sentimiento encontrado y con una cadena que ya no te limitará el vuelo.