Navidad
Desde temprano me han insinuado que gracias a este día el mundo es un lugar mejor, todos nos abrazamos y entramos en un trance del cual salimos con los mejores deseos y hasta con los mas calurosos abrazos; quien quita y hasta etiquetados en fotos de Facebook, o bien su respectivo equivalente analógico en una tarjeta navideña de Reader´s Digests.
Todos estamos felices y la verdad también yo lo celebro. Todos lucen trajes nuevos y pobres de aquellos que para ésta hora no se han bañado. Todos estamos radiantes tal cual proporción a la caja de nuestro obsequio. Todos estamos esperando que después de la cena llegue la fiesta de Año Nuevo.
Pero que sería si como un personaje verde refunfuñará de la Natividad del Rey de los Cristianos, pero no lo haría pues en esta especial fecha recibo los deseos que algunos se han guardado de decirme en el año que ha pasado.
La verdad de la vida se esconde en pequeñas fiestas como éstas aunque las vistamos del color de un veneno y para no sobresalir por mis malos hábitos hasta yo siento que los quiero mas que en la bola de años que tengo de sentirlos míos, aunque sea a pedazos.
Como ya lo había citado antes, no les deseos cosas nuevas sino que aprendar a disfrutar mejor las que ya tienen. Partiendo desde la oración completamente objetiva del que “todo mundo tiene lo que se merece”, pues aunque no lo crean, a veces me pregunto si sé contar hasta el límite de mis pertenencias.
Si algo me ha enseñado la vida es que todo lo percibo tanto me aloja dentro de sí como que se deja guardar por mis ansias hasta de atesorar la vida eterna; y confíen o no en mis pensares sé que abrazando este ideal saborearán mejor el perfume de los seres que se han ido antes de terminar esas platicas que se antojan interminables.
Porque digan lo que digan, aún no he visto mas que dos géneros en los deseos, lo que me dicen cosas que quiero y los que enumeran la “suerte” que alguien me quiere reservar, así que hoy estoy pendiente de al menos no sonar trillado y no desearles nada, por cuestión de falta de creatividad.
Lo que en realidad quiero es seguir compartiendo espacio terrenal con todos aquellos que estén dispuestos a una platica amena, a su vez acompañar con mi hombro si las lágrimas requieren compañía. También tengo historias graciosas que creo merecen escucharlas, y sí,ofrezco la necesidad de un abrazo cada dos o tres días. No pienso en sus éxitos puesto es trabajo del día a día, mejor los propongo seguir con la amistad y cariño por si llegan a necesitar de una mano, cabeza o idea.
Aunque a quien hago tonto, si también aquí estaré en el mismo sitio por si alguno de ustedes necesita, quizás, de uno de esos deseos de los que le hacen a uno sentirse querido como cual época navideña.