Provecho No les miento si no puedo negar que me dan ansías que se venga el año nuevo, y lejos del albur, el alba que se aproxima me ha puesto a recapacitar de muchas cosas, sobre todo a agradecer y porqué no, de maldecir otras.
Los amigos no se olvidan pero el trabajo ha sido mucho que ya en mi celular dejaron de sonar las voces de ellos, pero ciertamente no los he dejado atrás, solo en línea de espera. Porque para eso es el tiempo, para retomar todas las cosas que uno valora.
Entre otros puntos que estoy considerando es como a mi familia la veo más bien en Facebook, discúlpenme por dedicarme a otras cosas que no han sido los bonitos abrazos que me han forjado a lo largo de la que algunos podrían suponer corta vida. Para eso están los versos, para curar la lejanía.
He deseado hacerles a todos y cada uno un bonito recuerdo del año que se me está escapando de entre las manos, pero mejor les dejo entre sus cejas una imagen que ustedes crean que valga la pena de mi, como las veces que he intentado a lo largo del año de hacerlos reír, aunque sea con mi natural talento de la torpeza, o porqué no, de mi habilidad para olvidar la forma correcta de contar una broma; también podría ser alguna de las veces que he querido verme interesante, como los grandes, como aquellos que improvisan datos al instante. Ojalá les haya dejado una marca buena mi compañía, un beso, un abrazo, una idea, y atreviéndome a ser tan petulante como en los libros es la juventud me honraría que mi huella fuera un ideal, porque esos últimos están hechos para sanar.
No piensen que olvido la humildad y la tradición del agradecimiento, ustedes me han reconstruido; desde un simple hola hasta la bendición de abuela son piezas de un alma que se forja con el pasar de la arena de una cavidad a otra, del Sol mientras marca su sombra, mientras las manecillas militantes de la exactitud que marcan las horas. Me forjo con los silencios, con los gritos, con sus promesas, con sus trofeos, con las gracias que les tengo en un plato tibio, porque así se sirven las palabras que esconden un “te quiero”… Porque la esperanza de los años venideros son las personas que te construyen un mundo donde puedes reír y llorar sabiendo que existe la vida después de hasta donde llegan nuestras miradas, donde la fe en los tuyos y las tortas que traen bajo brazo (o en el vientre son oportunidades de juego. Porque para eso son los años, para comerte el cariño de donde lo huelas y hoy el día está perfumado.
Provecho, Año Nuevo llegando.
Provecho
No les miento si no puedo negar que me dan ansías que se venga el año nuevo, y lejos del albur, el alba que se aproxima me ha puesto a recapacitar de muchas cosas, sobre todo a agradecer y porqué no, de maldecir otras.
Los amigos no se olvidan pero el trabajo ha sido mucho que ya en mi celular dejaron de sonar las voces de ellos, pero ciertamente no los he dejado atrás, solo en línea de espera. Porque para eso es el tiempo, para retomar todas las cosas que uno valora.
Entre otros puntos que estoy considerando es como a mi familia la veo más bien en Facebook, discúlpenme por dedicarme a otras cosas que no han sido los bonitos abrazos que me han forjado a lo largo de la que algunos podrían suponer corta vida. Para eso están los versos, para curar la lejanía.
He deseado hacerles a todos y cada uno un bonito recuerdo del año que se me está escapando de entre las manos, pero mejor les dejo entre sus cejas una imagen que ustedes crean que valga la pena de mi, como las veces que he intentado a lo largo del año de hacerlos reír, aunque sea con mi natural talento de la torpeza, o porqué no, de mi habilidad para olvidar la forma correcta de contar una broma; también podría ser alguna de las veces que he querido verme interesante, como los grandes, como aquellos que improvisan datos al instante. Ojalá les haya dejado una marca buena mi compañía, un beso, un abrazo, una idea, y atreviéndome a ser tan petulante como en los libros es la juventud me honraría que mi huella fuera un ideal, porque esos últimos están hechos para sanar.
No piensen que olvido la humildad y la tradición del agradecimiento, ustedes me han reconstruido; desde un simple hola hasta la bendición de abuela son piezas de un alma que se forja con el pasar de la arena de una cavidad a otra, del Sol mientras marca su sombra, mientras las manecillas militantes de la exactitud que marcan las horas. Me forjo con los silencios, con los gritos, con sus promesas, con sus trofeos, con las gracias que les tengo en un plato tibio, porque así se sirven las palabras que esconden un “te quiero”… Porque la esperanza de los años venideros son las personas que te construyen un mundo donde puedes reír y llorar sabiendo que existe la vida después de hasta donde llegan nuestras miradas, donde la fe en los tuyos y las tortas que traen bajo brazo (o en el vientre son oportunidades de juego. Porque para eso son los años, para comerte el cariño de donde lo huelas y hoy el día está perfumado.
Provecho, Año Nuevo llegando.